Tiempo de desierto.

Siete meses construyendo el coche. Empezaste de cero, es decir, de una hipótesis y de un breve fogonazo de ilusión que cayó como un regalo cuando encontramos el neumático. Recuerdo el brillo en tus ojos. Voluptuoso. Lubricante. Imposible de disimular. Confieso que a veces sentí envidia. Sobre todo al principio. Con el paso del tiempoSigue leyendo «Tiempo de desierto.»

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